miércoles, 18 de febrero de 2009

Los jueces (unos pocos) montan una huelga política



Mientras el ministro cazador se entretenía matando corzos, una parte de la judicatura nos monta una huelga política contra el gobierno. Sin atender al más mínimo respeto a lo que representan los poderes del estado y su obligación de no hacer cesación de sus funciones, la judicatura más ultramontana echa un pulso a un poder del estado.

¿Nos imaginamos que el gobierno, el parlamento o la jefatura del estado se pusieran en huelga?

Como muchos otros profesionales desorientados, por término general un juez es una persona que una vez acabada su licenciatura en Derecho no tiene muy claro que es lo que va a hacer en su vida. Unos hacen oposiciones a notarías o a abogacía del estado, y salvo loables excepciones de aquellos que tienen una vocación innata por hacer del mundo un lugar más justo, el que se decidió a hacer oposiciones a judicatura lo fue más por complacer quizá a su padre o un familiar (que también pertenecen al gremio) o se lo jugó a cara o cruz. Así que, cual monje de clausura, se encerró en su casa hasta que se empapó (casi perdiendo la razón) con los cientos de temas del programa opositor. Llegado el día, ante el tribunal que le examinaba y en el que quizá había caras conocidas, soltó su letanía y de ser un mindundi pasó por oposición a pertenecer a uno de los tres poderes del estado sin que los ciudadanos a los que iba a aplicar justicia tuvieran voz ni voto. Se le adjudica el poder de decidir quién va a la cárcel, en qué condiciones o si se libra por una fianza millonaria. Probablemente el tribunal que le examinó, ni le preguntó ni le interesó, si el aspirante era demócrata, ultra religioso, conservador, prepotente, justo, autoritario o si iba a juzgar conforme a la ley o a sus creencias personales. Así campan a sus anchas jueces tirados, calamitas y similares.

Es evidente que este estado de derecho tiene democráticamente desprotegido uno de sus poderes: la judicatura es un estamento corporativo que a fuer de llenarse de opositores pelanas sin la más mínima legitimación democrática y que de forma cuasi vitalicia tienen en su mano y por pura ideología la capacidad de entorpecer la labor del gobierno democráticamente elegido, sentar al presidente en el banquillo o la última palabra a la hora de interpretar la constitución.

Indefensos y en sus manos

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay, Felipe! Qué santa razón tienes! Ese colectivo de personas dedicadas a las leyes (no sólo los jueces) son, ya no una raza, sino toda una especie aparte. Se podría decir que cortados casi todos -salvo honrosas excepciones- con el mismo patrón. Gestionan nuestras vidas, es decir, todo lo más importante y decisivo de lo cual depende que resulten éstas felices o desgraciadas, mirando "al tendío", con un desparpajo y una displicencia sólo comparable a la de cualquier cajer@ amargad@ de un superdiscount. No es una afirmación gratuíta sino el fruto de lo que he tenido que observar en mi trabajo y aguantar en mi ámbito personal.
(Maria Bonastre - Barcelona)

Felipe dijo...

Tu lo has dicho María, es el sentir de la mayoría de la ciudadanía.
¿Harán algo por cambiar esta percepción que tenemos de ell@s?

Anónimo dijo...

Me gustaría equivocarme, Felipe, pero me temo que su sentimiento de infinita superioridad sobre el resto de los mortales y su apego al buen vivir (ya sabemos que a lo bueno todo bicho se acostumbra) se lo impedirá. A la vista está: ahora hasta una huelga se permiten. Si los expedientes se atrasaban antes, como ahora no vayan por la noche ratoncitos, enanos y duendes a ponerlos al día...
(Maria - Barcelona)

Anónimo dijo...

Sinceramente creo que estamos perdiendo el norte, la nocion de la realidad, pero mires hacia donde mires, yo que ni por un instante llegue a pensar que la balanza de la justicia se podría vencer, realmente es ciega y nunca mejor dicho ciega.

Marcos Ortega dijo...

Qué injusta la justicia!