domingo, 1 de noviembre de 2009

De los liberales sedicentes


Hay liberales que practican el liberalismo con los débiles e intervienen a favor de los poderosos


Hay liberales auténticos, que defienden con valentía lo que piensan aunque sea impopular, y lo practican. Hay liberales sedicentes, que se apropian de lo que dice de ese calificativo el diccionario de la Academia: "Dicho de una persona que se da a sí misma tal o cuál nombre, sin convenirle el título o condición que se atribuye".

Hay liberales que desde sus cátedras (trabajo fijo para toda la vida y pensión pública asegurada) demandan la libertad de despido o la flexibilidad en el empleo.
Hay liberales que ocupan instituciones en las que no creen a cambio de dietas, coche y chófer (y que cuando les toca dejarlas, presionan para ser reelegidos); generalmente son liberales sobrevenidos.
Hay liberales que predican la movilidad geográfica de los asalariados y que cuando cambian de una ciudad a otra la sede en la que trabajan, estallan en cólera.
Hay liberales que defienden intereses en sus artículos en los medios de comunicación, sin confesarlos. Hay liberales tolerantes consigo mismos y faltones con los demás.
Hay liberales que practican ese liberalismo con los débiles (por ejemplo, privatizando la sanidad o la educación) e intervienen sin escrúpulos ideológicos para defender sus intereses y los de los poderosos que les recompensan.
Hay liberales partidarios de la rebaja o la extinción de impuestos, pero los primeros gravámenes que hacen desaparecer son los del patrimonio y el de sucesiones y donaciones que, como se sabe, debían pagar más unos que otros.
Hagan el juego de poner nombre a cada una de estas posiciones.
Joaquín Estefanía. ELPAIS

1 comentario:

Marcos Ortega dijo...

Yo tengo un par de nombres en la cabeza...