
El amigo americano ha llegado a Europa dispuesto a asumir su liderazgo natural sobre el viejo continente y cobrarse la factura por la ayuda recibida en la segunda guerra mundial. La epidemia económica generada por la banca de inversión americana quiere encontrar su vacuna en Europa y si es posible gratis.
No podemos negar que la Administración Obama es un soplo de aire fresco en la escena internacional, al menos en cuanto a derechos y libertades públicas.
En lo económico, si bien las políticas económicas aplicadas son acertadas para los estadounidenses, en el caso europeo no lo son tanto.
La máquina de hacer dólares se ha puesto en marcha, acompañada por un descomunal gasto público para activar su maltrecha economía, que tardarán generaciones en pagar. Los americanos pretenden que los europeos hagamos lo mismo.
En Europa, las cosas y los efectos de la crisis son radicalmente distintos. Existen sistemas públicos de salud y cobertura de desempleo que actúan como “estabilizadores automáticos” ante situaciones de crisis; esto ha impedido que se haya alcanzado la situación dramática que vive la sociedad norteamericana: allí ni la sanidad pública tiene cobertura universal ni mucho menos la cobertura de desempleo va más allá de los seis meses (en el mejor de los casos).
Con gran sentido común, los principales gobiernos europeos se han plantado ante la exigencia americana de seguir su política de incesante gasto público sin freno. En Europa se han dotado grandes paquetes de gasto, y es prudente esperar a ver como éstos inciden realmente en la reactivación económica.
Otro caballo de batalla es la regulación internacional de los mercados financieros y la erradicación de los paraísos fiscales.
Las economías de cultura anglosajona (USA y Reino Unido) son tradicionalmente reticentes a la regulación y control del mercado. “El mercado se regula solo”, piensan. Así les ha ido. En cambio, los países europeos continentales (con Alemania, Francia y España a la cabeza) han sido tradicionalmente controladores rigurosos de los mercados. Esto ha posibilitado que la crisis no haya destrozado sus sistemas bancarios.
En las reuniones “G +” que se van a celebrar en los próximos días, estos son los dos caballos de batalla: ¿activamos la máquina de hacer euros para pagar la factura americana? o, por el contrario, ¿nos mantenemos firmes y obligamos a que se establezcan organismos de control internacional del sistema financiero? El mercado ni es inteligente, ni se autoregula.